viernes, 25 de abril de 2014

Cultura turística, ¿materia prima que escasea?

No voy a hacer mayores comentarios sobre la reciente campaña turística "All You Need Is Ecuador", con la "fastuosa" inversión de US$19 millones, que a través de video, música y letras gigantes, nos tratan de vender un Ecuador como uno de los pocos lugares del mundo que realmente necesitas visitar, por su ambiente natural diverso (playas, montañas, selva), grandiosos paisajes, fauna y flora únicos.

Campaña en la que pedimos al extranjero que venga, y lo invitamos con brazos abiertos, ¿o no?. Y es que siempre he tenido muchas dudas acerca de cuan preparados estamos culturamente para ser un país turístico. Creo no entendemos que turismo no es solo tener todas las maravillas antes mencionadas, y nunca me quedó más claro tras lo que voy a contar a continuación:

Hace poco, un familiar que hacía algún tiempo no regresaba al Ecuador, vino a visitar, y en esta ocasión, recibió la invitación de amigos para ir a conocer Guaranda, provincia de Bolívar, a un mini-viaje de 2 días. Como todos le contaban de las bonitas carreteras que ahora hay gracias a nuestro Presidente, aceptó. Fue un viaje agradable, cuenta, y aunque largo, aún no entiende cómo tienen que construir pegados a las montañas y bordeando precipios, en vez de con túneles y puentes acortar distancias, sobre todo en lugares peligrosos por la neblina. Alabaron en todo caso también las buenas carretaras, y con el corazón en la mano, llegaron.

Encontraron un lugar para quedarse. Rústico, bien rústico. Con camas de tablas, colchones duros, sin agua caliente (y a veces ni agua en absoluto). Pero no podían pedir más por un lugar a $12 la noche por persona, y seguramente personas jóvenes lo apreciarían más. Al día siguiente bajan a desayunar. Les dieron un pan, y leche. Querían queso. "No hay", les dijeron (en la tierra del queso, no había queso). "¿Y mantequilla?", "tampoco hay", "¿Y así se supone vamos a comer el pan?", dijo alguien en el grupo, cansado y algo molesto, "pues ¡qué pena!", le respondieron. Comieron su pan seco, y se fueron. Aún querían tomar un café, encontraron un lugar que decía Pizzería-Café (rara combinación), entraron y había una máquina, con solo un tipo de café. Un acompañante quería café tinto, no había. Se fueron. Encontraron otro lugar, esta vez lo que parecía una cafetería propiamente. Entran. Esta vez sí hay el café que buscaban, luego preguntan: "¿Tiene algún dulce?", "No tenemos", respondieron. "¿Roscas?", "Tampoco". Así que terminaron su café, y se fueron a pasear lo que quedaba de la mañana. Ya es la hora del almuerzo, deciden ir a comer, encuentran un lugar. Piden un plato de pescado, se lo traen, el animal entero (no había foto que diga cómo lo van a servir), US$6 el pez. "Si hubiera sabido el precio, no lo pedía", dijo alguien, luego de constatar que por ningún lado hay precios visibles, y que cometió el error de no preguntar primero. Otro acompañante pidió un pollo. Le llevaron, alas, muslos y patas. Sin pechuga ni caderas. Terminaron de comer, y se fueron. Emprendieron el camino de regreso, cansados y algunos con hambre.

"Una bonita experiencia a pesar de todo", me dijeron, "maravillosos paisajes, pero no lo volvería a repetir".

De propaganda pues, no pasa, ya que al mismo tiempo que exaltamos la belleza y la calidad única natural del Ecuador, explotamos sus recursos sin piedad, destruyendo eso que pedimos al extranjero venga a conocer; poco invertimos en cultura de servicio, en un pueblo acostumbrado a ser servido por el Padre Estado, donde la inversión privada es mal vista. ¿Un pueblo así, qué puede ofrecer al extranjero, si no se lo puede ofrecer al nacional? 

Falta mucho por hacer, y ya es hora que dejemos de engañarnos creyendo que con un spot televisivo, vamos a cambiar la realidad del país. Antes de invitar a tus amigos a visitar tu casa, asegúrate que esté limpia y en orden, y que el dueño de casa esté lo suficientemente preparado para recibirte.