Se vive una política de terrorismo de Estado, al igual que en Cuba y Venezuela. El terrorismo de Estado consiste en la utilización, por parte de un gobierno, de métodos ilegítimos orientados a inducir el miedo dentro de una población civil para alcanzar sus objetivos sociales, políticos o militares; o a fomentar ciertos comportamientos. Dichas actuaciones se suelen justificar por la razón de Estado. Una persona de carácter público sacrifica ciertos derechos que el ciudadano común tiene, como el derecho a demandar civilmente –no penalmente– a alguien por injurias, ofensas o mentiras realizadas públicamente y que deban ser demostradas. El personaje público, por tener el poder y la maquinaria estatal, no puede considerarse un ciudadano común. Los invito, amigos, a reflexionar: ¿vale la pena ser indiferente ante lo que sucede en el país? Ayer fue un extraño; hoy, un conocido; mañana puedo ser yo, y luego ustedes. ¿Cuántos presos políticos vamos a necesitar para darnos cuenta del totalitarismo? Esperar resultará tarde. Líderes debemos ser nosotros. El país que queremos no puede ser creado por otros, sino por nosotros mismos.
Nota: Esta carta fue publicada en El Universo el 5 de Mayo del 2011